
Me hice un tatuaje de un Ave fénix sobre mi hombro derecho. Fue algo que lo pensé por más de un año. Y ahora que lo tengo y me lo veo, me encanta!!!
No recuerdo como nació la idea. Quizás viendo esos programas gringos de tatuajes. Cuando llegan personas queriendo plasmar en sus cuerpos alguna experiencia que ha marcado sus vidas: la pérdida de un hijo, de un padre, la recuperación de alguna enfermedad, un nuevo comienzo.
Dicen que el Ave fénix es un ave mitológica que muere para renacer de las cenizas. Es un renacimiento físico y espiritual. En el 2008, tuve una noticia impactante: mi mamá tenía un tumor en el cerebro, lo que luego se convirtió en una metástasis. Y ese fue el inicio de la etapa más triste y dolorosa de mi vida, y también de dejar de ver la vida como la miraba hasta esa época.
Algunas personas me preguntaban que como hacía para seguir adelante. No lo sé. Solo sé que Dios da la fuerza para continuar. Y así fue. Pasado el duelo, y juntando los pedacitos de vida para avanzar en el día con día, se afronta la realidad y las fechas especiales: cumpleaños, navidad, el día de la madre (creo que desde entonces no he vuelto a decir “feliz día de las madres” a nadie, y me trato de poner en automático en especial en esa fecha) y creo que todo eso fue madurando la idea de hacerme el tatuaje del Ave fénix.
Un día antes del tercer aniversario del fallecimiento de mi mama, me hicieron el tatuaje. Una serie de sentimientos me invadió: alegría, tristeza, valor, culpabilidad, responsabilidad. Al finalizar el tatuaje y vérmelo tan lindo solo quedó el sentimiento de alegría, valor y satisfacción, opacado un poco por el dolor y el ardor tan terrible e insoportable sobre mi piel que me abarcaba todo el brazo derecho, hasta sentir que se me bajaba la presión, todo esto combinado hasta que una pastilla milagrosa me volvió a la normalidad…casi.
Sé que hay varios prejuicios sobre los tatuajes y se relacionan a los drogos, vagos, locos, mareros y ahora a una mujer como yo, pero no me importa. La experiencia es única y personal, así como los sentimientos.
La vida quizás sea como un gran tablero de ajedrez, en el cual se van moviendo las piezas, a veces con cuidado, a veces sin pensarlo mucho, a veces perdemos y a veces ganamos. A veces la vida nos trata maravillosamente bien y a veces, nos manda pruebas tan duras y aplastantes que nos marcan para toda la vida. Y yo he plasmado la mía con un lindo Ave fénix que resurge de las cenizas, como Yo.